SOY

mayo 31, 2021

Me fui sabiendo que era por un tiempo, pero sin saber que pasarían tantos años, tantos países y que vendrían tantos niños.

Me fui llevando cuatro valijas y un par de guantes de cuero como única cosa de valor,  que me regaló ella antes de irme. “Para el invierno de Italia”, me dijo cuando me los dio.

Me fui sin nada, pero a la vez, me llevé todo porque, en cierto modo, mamá y papá también vinieron de viaje conmigo. Me traje su curiosidad y sus ganas de aprender a cada ciudad o pueblo que fui. Y me encontré con ellos en cada visita a la librería y en cada cafecito que me senté a disfrutar.

Aparecieron en la simpleza de mis días y en esos pequeños detalles cotidianos. En el olor a tostada, en el té bien caliente con limón y en el pomelo recién pelado. En los pasos de la camisa bien planchada, en el modo de cerrar y abrir las puertas, en la cocina y en el condimento de mis comidas.

Y descubrí que soy ella cuando leo de noche, en el modo de acurrucarme que tengo para dormir y en su sueño demasiado liviano. Y que soy él cuando me desvelo y paso la noche casi sin dormir carburando ideas metafísicas.

Soy también sus arrugas, que se fueron haciendo de tanto fijar la vista y con los años de no dormir. Y soy ella, con ese mismo modo que tenemos coser y tejer.

Soy las frases y chistes de papá, y las lágrimas de risa de mamá.

Soy esa colección de revistas y esa pila de libros en la mesa de luz. Y también soy gracias a él, amante de la ciudad de noche y de disfrutar del buen café.

Soy callejera como ella, que le encanta entrar y salir siempre con la excusa de hacer “algo”, y que las dos sabemos que es porque no podemos quedarnos quietas.

Soy, en la música clásica que se escucha en casa y en los libros que huelen a tinta y me encanta abrir.

Soy ese modo de ser mamá cercano, siempre presente, con sentido común y, de a ratos, temerosa. Soy ese modo de ser papá, cultivando el saber y encontrando anécdotas siempre para contar. 

Soy, esos días domingo a la noche con ganas de estar en casa alrededor de esa mesa ruidosa donde todos queremos contar algo y nos reímos hasta llorar.

Soy, en esa mesa que se fue llenando de gente con el correr de los años haciéndola más divertida y ruidosa.

Soy, en ese extrañar la casa de mis papás, a la que hace mucho tiempo no voy. La que dejé hace 14 años para irme en una aventura, esa casa a la que todavía no vuelvo pero a la que, cada tanto, voy de visita. Es que ahí están ellos, que extraño tanto, aunque no lo demuestre, aunque dé un abrazo y apriete los dientes para no llorar cada vez que los despido…

Y aunque que sé que pronto esto también habrá pasado y que nos vamos a reencontrar, mientras tanto ellos siguen de viaje conmigo, están presentes en cada día. Porque soy tanto de ellos y, a la vez, en ese ser como ellos también hay tanto de mí…

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